Isabel (Coro)

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Isa Freites. Nací un 30 de abril de 1992 en donde está la arena más fría y abundante del planeta, en donde las mujeres despiertan todos los días con una forma de vivir y de pensar diferente, en donde puedo levantarme todas las mañanas y saludar con la misma sonrisa de cada día, en conclusión soy de Coro. Pertenezco al pequeño grupo de personas que aunque el mundo se les venga encima siempre están dispuestos a hacer reír a los demás. Obtuve mención honorífica al índice académico y aún me pregunto ¿habrá mención honorífica al corazón con más amor para entregar? Actualmente soy tesista de Educación mención: Lengua, Literatura y Latín con un trabajo un poco descabellado. Amante de la real y buena música y enamorada de la forma de hacer Literatura de Ricardo Díaz Borregales y Federico Andahazi. 

Posmodernidad y sexualidad: desmitificación de los dogma

 “¿Qué es lo bueno? Todo lo que eleva en el hombre el sentimiento                                

de poder, la voluntad de poder, el poder mismo.

¿Qué es lo malo? Todo lo que proviene de la debilidad

¿Qué es la felicidad? El sentimiento de lo que acrece el poder;

el sentimiento de haber superado una resistencia”.

Friedrich Nietzsche

El Cristianismo es la religión con más creyentes alrededor del mundo. Su proceso de difusión fue llevado a cabo a través de labores misioneras que ponían de manifiesto todas las doctrinas de esta religión. El planteamiento más conocido del Cristianismo es el de la creencia en Dios, representado en tres entes: padre, hijo y espíritu santo, quienes conforman una entidad denominada: Santísima Trinidad.

Esta religión está inspirada en las enseñanzas de Jesucristo las cuales fueron recopiladas en lo que en la actualidad se conoce como Nuevo Testamento. Entre sus fieles se encuentran las figuras religiosas de padres o monjas quienes realizan un proceso de preparación para recibir a Cristo en sus vidas y llevar su evangelio hasta cada una de las familias pertenecientes a la parroquia o congregación donde llevan a cabo su práctica.

Ahora bien, muchos son los teóricos y filósofos que se declaran en contra de esta religión, pero quien impresiona con sus fuertes críticas es el alemán Friedrich Nietzsche reconocido por los ataques constantes realizados hacia el Cristianismo y quien en consecuencia de ello publica en 1888 su obra “El Anticristo”.

La Posmodernidad se enfoca hacia el esclarecimiento de tabúes que por causa de la tradición moderna quedaron cubiertos por el auge económico y la búsqueda continua de un nivel ético y moral aceptable dentro de las sociedades. Es Nietzsche el precursor de estos ideales por lo cual esta corriente toma como base los planteamientos de éste y los saca a la luz.

Nietzsche (1888:5) afirma lo siguiente:

 “El Cristianismo tomó partido por todo lo que es débil, humilde, fracasado, hizo un ideal de la contradicción a los instintos de conservación de la vida fuerte; estropeó la razón misma de los temperamentos espiritualmente más fuertes, enseñó a considerar pecaminosos, extraviados, tentadores, los supremos valores de la intelectualidad. El ejemplo más lamentable es éste: la ruina de Pascal, que creyó que su razón estaba corrompida por el pecado original, cuando sólo estaba corrompida por su Cristianismo.”

Para este filósofo el Cristianismo no es más que el resultado del carácter un poco débil y sumiso del hombre quien trata de regirse a una serie de reglas religiosas y morales las cuales imponen como castigo al pecado, visto éste como un hecho de gran relevancia que irrumpe en el alma y en la persona del cristiano y lo condena a vivir doblegado al hambre, al miedo, a la muerte y al infierno.

Las virtudes y el sistema de valores sembrado por el Cristianismo está sujeto al respeto y a las enseñanzas impartidas por quienes son capaces de adaptarse a un código ético religioso donde la práctica sexual no tiene lugar alguno pues, el deseo de los cuerpos perjudica la exaltación del espíritu y el proceso de enseñanza para el cual fueron preparados.

Por el contrario, los teóricos posmodernos afirman que si bien es cierto que existen parámetros en cuanto a la práctica religiosa, en un cierto porcentaje de casos estos no se cumplen debido a que como seres humanos monjes, novicias, padres y monjas necesitan esa libertad corporal y espiritual que la atracción sexual y su consumación le brindan al hombre.

Son muchas las aseveraciones que se realizan en cuanto al sexo dentro del contexto religioso al igual que son infinitas las conjeturas que se entretejen alrededor del mismo. Según Nietzsche (1888) esta religión es sinónimo de “compasión” en cuanto este sentimiento produce una pérdida de vitalidad en el individuo lo cual no permite su desarrollo intelectual y a la vez da como resultado el sufrimiento y la depresión de quien la ejerce.

Revisemos lo afirmado por Nietzsche (1888:6).

“La compasión está en contradicción con las emociones tónicas que elevan la energía del sentimiento vital, produce un efecto depresivo. Con la compasión crece y se multiplica la pérdida de fuerzas que en sí el sufrimiento aporta ya a la vida.”

La compasión resulta entonces ser el sentimiento base de la religión cristiana según el también filólogo, puesto que éste representa a la hostilidad del hombre y la sumisión hacia la imposición de mandamientos y leyes que regulan el ser cristiano y a los cuales se debe estar apegado con el objetivo último de llevar una vida tranquila y equilibrada espiritualmente.

Según Nietzsche quien estudia y practica la religión cristiana lleva consigo una actitud deshonesta que no le permite desarrollar a plenitud su capacidad para servir a Cristo puesto que en su interior siempre guardará intereses propios que distan mucho del Evangelio y que derraman sobre él actos desmoralizantes que ponen en tela de juicio lo enseñado por sus más grandes fieles.

La figura sacerdotal es vista dentro de la Posmodernidad como una calumnia, una fórmula venenosa y un mentiroso de profesión que esconde detrás del Cristianismo una personalidad inescrupulosa, ambiciosa y cegada por el nivel de superioridad que ejerce frente al hombre.

Es así pues como Nietzsche presenta una perspectiva que escrudiña al Cristianismo no desde la crítica hacia Jesús, sino más bien hacia el clérigo, los teólogos y hacia el hombre mismo quien por medio de su carácter compasivo se ha venido transformando en un ser cargado de dolencias, males y sufrimientos que afectan el proceso de evolución al que se encuentra sometido constantemente, afligiendo su libertad e igualdad dentro del sistema moral, social y religioso.

La Posmodernidad planteada por Friedrich Nietzsche trajo consigo dos sucesos realmente nuevos: la homosexualidad y la bisexualidad. El primero consiste en la atracción sexual hacia personas del mismo sexo y el segundo está basado en el deseo tanto hacia hombres como a mujeres.

Ambas son denominadas condiciones sexuales que suponen el cambio, de actitudes, aptitudes y personalidad lo cual va desde la vestimenta hasta la forma de caminar de quienes pasan por este proceso de identidad sexual. Se dice que es con el fenómeno posmoderno donde se conoce de esta temática, porque si bien es cierto estos tipos de patrones sexuales  existían más sin embargo, no se admitía la posibilidad de que dos personas del mismo sexo mantuvieran relaciones amorosas y mucho menos sexuales, puesto que los códigos morales modernos no permitían esto.

Desde tiempos muy remotos existió la homosexualidad e inclusive la bisexualidad. Esther Díaz (2008: 143) plantea lo siguiente al respecto:

“Una de las versiones del mito griego de Edipo sostiene que éste mató a Layo disputándole el amor de un muchacho. El destino había dispuesto que la relación padre-hijo se instaurara desde la rivalidad. Se sostiene asimismo que Layo fue el inventor del amor homosexual.”

Las condiciones sexuales que van mucho más allá de la heterosexualidad engloban casos tan antiguos como éste, donde Edipo asesina a su hijo por la atracción que sentía hacia Crisipo hijo de Pélope, lo irónico de esta historia es la antigüedad de dos términos que aún parecen nuevos sobre todo en la sociedad Latinoamericana donde aún se amonesta al matrimonio entre personas afectas a su mismo sexo o la adopción de niños por parte de homosexuales. Sociedades como la de Estados Unidos de América o España avalan hoy en día ambos procesos legales que le permiten a estas parejas formar una familia como la de cualquier dúo heterosexual puesto que la entrega, el amor y la pasión es la misma.

Aunque hasta ahora todo ha sido planteado desde un enfoque bastante común, existen casos que discrepan mucho de lo anteriormente señalado  he aquí donde se presentan el caso de padres pederastas y de monjas cuya atracción sexual se inclina hacia novicias que integran su círculo religioso, uno y otro conforman lo que Esther Díaz (2008) denomina “Posexualidad”, que no es más que el desenfreno de los cuerpos tras la liberación del deseo sexual, a través del poder que tanto sacerdotes como religiosas ejercen sobre aquellos seres que observan en ellos a figuras de suprema superioridad.

En la Posmodernidad el amor viene dado por la lujuria a causa de ésta concibe al sexo sin amor pero no al amor sin sexo por ende, esta corriente envuelve a este sentimiento en dos términos: erotismo y deseo, ambos consienten la muerte y la locura por amor. Díaz (2008: 140) señala lo siguiente en relación a lo anterior:

“Solemos asimilar el amor con el deseo. Pues el amor siempre es del orden del deseo. Y el deseo, tal como lo escribe Platón, es el anhelo por lo que no tengo, por lo que me falta. El deseo tiende al futuro. Aspira lo inalcanzable: al objeto del deseo.” 

Para Díaz existen dos tipos de amor uno platónico donde  los amantes no consuman el deseo sexual aunque existe la seducción y la sensualidad pero en bajo nivel y en donde predomina la belleza representada dentro de la producción poética y otro un amor desarraigado en donde se notan ciertos toques románticos como lo dice Díaz (2008) se tiende a matar por amor y a suicidarse por la misma causa lo cual delimita la importancia del otro “ya que se tiende a enloquecer por otra persona”, tanto la locura como la expiración son el producto del desprecio, el desamor y el abandono de a quien se ama.

Así pues, el Eros va a estar marcado entonces por la subjetividad propia para crear, construir pero sobre todo para poner en juego la libertad tanto del cuerpo como del alma elevándola cada vez más para la emancipación del amor, el disfrute de un orgasmo donde tanto hombres y mujeres experimenten una sensación de encuentro entre su corporalidad y su espíritu.

  

 

BIBLIOGRAFÍA

DÍAZ, Irán. Posmodernidad y América Latina: el estimulante disenso. (2007). Editorial Capiro. Santa Clara, Cuba.

DÍAZ, Esther. Posmodernidad. (2008). Editorial Alfa. Caracas, Venezuela.

GONZÁLEZ, Ximo. “Hacia una sociedad líquida”. (2007). Venezuela.

NIETZSCHE, Friedrich. El Anticristo. (1983). 3ed. Editorial Alianza. España.

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