María de los A. (Coro)

07042012-_MG_0473 (2)María de Los Ángeles Lugo (1989) es natural de la ciudad de Coro y actualmente reside en Mérida, donde cursa la maestría en Literatura Iberoamericana de la U.L.A. Ha participado en  talleres de creación literaria bajo la dirección de Juán Calzadilla, Gabriel Jiménez Emán y Benito Mieses. Es miembro de la Cátedra Libre de Literatura “Agustín García” (aunque estando en Mérida se hace difícil asistir a las reuniones).

“Tiene cara de llamarse Esteban, o José Arcadio”

El personaje como recurrencia narrativa en la obra de Gabriel García Márquez.

“Carajo, las vainas que se le ocurren a Dios”

Muerte constante más allá del amor

Escribiré este texto como lectora, más que como estudiosa de la obra de Gabriel García Márquez, porque aún tengo la lectura de “Cien años de Soledad” latente, desde entonces nada ha vuelto a ser igual, veo mariposas amarillas en todas partes y tengo miedo de que un huracán de esos que suceden afuera, arranque el techo de mi casa. Yo no dudo que con otros lectores suceda cosa similar, porque uno no lee al “Gabo” para seguir siendo el mismo, su obra constituye (y seguramente seguirá siendo por cien años o más) objeto de estudio y de interés para literatos y aficionados, que en Latinoamérica y el mundo leen, releen y se descubren en las líneas del autor; quizá otros lectores se imaginen como yo, caminando por las calles Neerlandia, de Macondo, o de cualquier pueblo de las costas latinoamericanas y se sientan parte del universo garcíamarqueano. .

Al hacer un recorrido por la obra de este escritor, pensemos en  sus novelas más célebres, “Cien Años de Soledad”, “El coronel no tiene quien le escriba” o en sus cuentos “Muerte constante más allá del amor” , “Un hombre muy viejo con unas alas enormes” o “El ahogado más hermoso del mundo”; el lector se encontrará con una serie de fenómenos que para nada son fortuitos, notará que la combinación de los mismos produce sensaciones particulares; de pronto deambulamos por las calles angostas de Macondo, o nos dejamos atrapar por la incerteza de los días, o nos sorprendernos al encuentro con personajes familiares, que bien podrían ser cualquiera de nuestros abuelos o bisabuelos, esos Aureliano y Coroneles que esperan algún día la llegada de la pensión, o nuestras abuelas y madres, las Úrsula y las Mercedes de su tiempo; nótese ese asco que producen episodios como el de la pobre Eréndira y su sábana estrujada, la frecuencia de los casos como el del senador Onésimo Sánchez, que se encontró acostado, llorando de la rabia de morirse sin ella, o el rechazo hacia la injerencia de un Mr. Hevert cualquiera; acaso sean estos elementos los que hagan despertar al lector frente a unos acontecimientos que se perpetúan antes y  ahora mismo, no lejos de casa.

Ya no sé si sea que me ha colado hondo la obra de Gabriel García Márquez, o ¿usted también se ha despertado una madrugada por un olor a rosas sofocante?, o ¿ha llegado a pensar como yo, que José Arcadio bien pudiese ser Esteban, “el tonto hermoso”, (porque los dos eran gigantes, hermosos y bien dotados) que en una de esas en que a Aureliano Segundo le dio por escavar la tierra del patio de la casa de los Buendía en búsqueda de los sacos con las monedas de oro, y con todo eso del cambio del curso del rio por los gringos de la empresa bananera, quien sabe, en una de esas el cuerpo fue a dar al mar… O no sé, son cosas mías.

 

Pero solamente cuando acabaron de limpiarlo tuvieron conciencia de la clase de hombre que era, y entonces se quedaron sin aliento. No sólo era el más alto, el más fuerte, el más viril y el mejor armado que habían visto jamás, sino que todavía cuando lo estaban viendo no les cabía en la imaginación.

El ahogado más hermoso del mundo

Lo encerraron herméticamente en un ataúd especial de dos metros y treinta centímetros de largo y un metro y diez centímetros de ancho, reforzado por dentro con placas de hierro y atornillado con pernos de acero…                                                                          

    Cien años de soledad


Este uso recurrente de los personajes se observa también en considerables ocasiones, como es la escena de Eréndira estrujando su sábana:

Eréndira lo contempló con una sonrisa traviesa y hasta un poco cariñosa, y quitó de la estera la sábana usada.

– Ven –le dijo–, ayúdame a cambiar la sábana.

Entonces Ulises salió de detrás de la cama y cogió la sábana por un extremo.

La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada.

 

La muchacha quitó la sábana empapada y le pidió a Aureliano que la tuviera de un lado. Pesaba como un lienzo. La exprimieron, torciéndola por los extremos hasta que recobró su peso natural. Voltearon la estera y el sudor salía del otro lado. Cien años de Soledad.

 

O el asesinato de Mauricio Babilonia:

 

– Que tumba van a visitar? –preguntó / La de Carlos Centeno —dijo la mujer.

– Quién? / Carlos Centeno —repitió la mujer.
– El padre siguió sin entender.
– Es el ladrón que mataron aquí la semana pasada – dijo la mujer en el mismo tono- . Yo soy su madre.

La siesta del martes.

 

 

Esa noche la policía derribó a Mauricio Babilonia, cuando levantaba las tejas para entrar en el baño donde Meme lo esperaba… murió públicamente repudiado como ladrón de gallinas.

Cien años de Soledad.

 

Estas no son casualidades o coincidencias, es el uso consiente de personajes y situaciones de forma reiterada, recurso narrativo que  trasciende de la autotextualidad; en Cien años de Soledad pueden observarse con frecuencia guiños a obras significativas de la literatura, a Rayuela por ejemplo:

“Aureliano podía imaginarlo entonces con un suéter de cuello alto que solo se quitaba cuando las terrazas de Montparnasse se llenaba de enamorados primaverales, y durmiendo de día y escribiendo de noche para confundir el hambre, en el cuarto oloroso a espuma de coliflores hervidas donde habría de morir Rocamadour.”                                  Cien años de Soledad.

Dejarse en las redes del pacto ficcional es fácil cuando se trata de la obra de García Márquez, este escritor en cada una de sus historias juega con lo grotesco y lo fantástico de sus protagonistas, rompe con de la línea de la temporalidad, denuncia las realidades del contexto latinoamericano y enfrenta a sus personajes (y con ellos al lector) a lugares y elementos de un pasado, más bien atemporal, detenido, que se mantiene indeleble y se traduce en una sensación de familiaridad y de pertenencia; sean quizá estos recursos los que constituyan -el gancho- que convierte su obra en la más grande representación del realismo mágico latinoamericano.

Es lamentable que al “Gabo” se le estén olvidando las cosas, que ya no vayamos a leer algo nuevo de él;  aunque quien sabe, quizá encontremos un pergamino, un manuscrito con una eterna historia, donde nosotros seamos los protagonistas y en la mesa haya un daguerrotipo nuestro, ya sea que vivamos en nuestra casa, en una de paredes de hielo o en la de los Buendía, que al fin y al cabo es la casa de todos, porque allí siempre son bienvenidos todos los vagamundos.

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Williams Awash

Referencias:

–       García Márquez, Gabriel. (1962) La siesta del martes.

–       García Márquez, Gabriel. (1967) Cien años de Soledad.

–       García Márquez, Gabriel. (1968) El ahogado más hermoso del mundo.

–       García Márquez, Gabriel. (1968) La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada.

–       Cortázar, Julio (1963). Rayuela.

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2 pensamientos en “María de los A. (Coro)

  1. Manuel Milano dice:

    sobre Marquez se ha dicho todo y nada, es inagotable, pero su característica para mi mas resaltante y atractiva es esa atemporalidad, ese “fluir” de su narrativa que esta en todos lados y tiempos, pero a la vez en ninguno, para mi su obra es mas como ver una pelicula con efectos de luces y sombras que parecieran hacer el tiempo mas lento.

  2. Tania Oberto dice:

    María me fascino tu ensayo y estoy totalmente de acuerdo contigo, podemos encontrar elementos de una obra en otra y en otra y cuando nos detenemos a pensarlo es posible que sean los mismos personajes, que el que apareció en una haya sido el causante de todo en otra obra o que simplemente la construcción de ese personaje haya sido tan inspiradora y grandiosa que trajera consigo la primera piedra para crear otra historia. En el m,undo de García Márquez todo es posible.

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