Tania (Coro)

Imagen 294

Tania Veriuska Oberto Zavala (1992). Nací en la ciudad de Coro, pero vivo desde los 3 años de edad en el pueblo de La Vela así que soy coriana de nacimiento y veleña de corazón.
Soy Licenciada en Educación en Lengua, mención Lengua, Literatura y Latín, egresada de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (UNEFM).

Dos partes de la historia, una misma realidad

  

 “No trates nunca de imponer la autoridad donde sólo se trata de la razón”

Voltaire

 

        La historia del descubrimiento de América para muchos ha sido homogénea, sobre todo para los españoles de aquella época e incluso para los habitantes de la actualidad del denominado nuevo mundo, sin embargo, esa historia, más indígena que española, puede segmentarse en varias partes dependiendo del punto de vista y del enfoque de quien la haga.

        Si se toma como guía entonces la visión que tienen de dicha historia los escritores venezolanos Gustavo Pereira y Eugenio Montejo se puede dividir en dos partes: la primera es la realidad utópica que plantea Montejo y la segunda, aquella que cuenta Pereira a través de sus obras sobre la realidad sentida, la vivida por los pueblos indígenas.

      Montejo va a contar esa parte fantástica, del llamado descubrimiento, que para los colonizadores fue real, puesto que era la recompensa por las adversidades enfrentadas, la herramienta para recuperar una etapa de comodidades que con los años habían tenido que dejar atrás, era la búsqueda del Dorado:

No vi a Manoa, no halle sus torres en el aire,

ningún indicio de sus piedras.

Seguí el cortejo de sombras ilusorias

que dibujan sus mapas.

Cruce el río de los tigres

y el hervor del silencio en los pantanos.

Nada vi parecido a Manoa

ni a su leyenda. (Montejo, 1982:37).

            Para los colonizadores los viajes a América no eran sólo para descubrir lugares desconocidos para ellos, sino para encontrar en esos sitios esa tierra llena de riquezas que le permitiría vivir nuevamente en la Edad de Oro:

 En efecto, los territorios donde se concilian los valores antinómicos del Edén y El Dorado pueblan la “geografía utópica” estructurada alrededor de la certeza, que el espacio ideal de la Tierra Prometida se encuentra en algún lugar del mundo recién descubierto. (Ainsa, 1998:113).

            El no encontrar “El Dorado” que tanto ansiaban los colonizadores ocasionó que éstos hicieran de todo para localizarlo sin importar con cuántas vidas tuvieran que terminar para lograrlo: “La función contaminante llega así a crueles excesos, como las torturas a los indígenas a que Gonzalo Pizarro los somete para arrancarles informaciones sobre la localización de El Dorado”. (Ainsa, 1998:118).

     Por otra parte, está la historia que nos cuenta Pereira, cómo era el mundo indígena, por cuál sufrimiento habían pasado durante la colonia y que toda esa pena no fue comprendida ni reconocida:

“Nunca supimos que dolor callaba

Ni que abyecta impiedad condescendía

A permitirle ser como el adobe

Como la soga

Como los guijarros”. (Pereira, 2004: 172).

            El dolor obligó a muchos a adaptarse y dejar a un lado su cultura, a despreciar lo que los hacía diferentes, lo que los hacía únicos ante el mundo: “(…) Los aborígenes renegaban no sólo de su religión sino de su propia etnia y cultura (…)”. (Pereira, 2004:82). Los indígenas abandonaron su propia identidad y fueron maltratados para lograrlo, así como para encontrar una “Tierra Prometida” que no existía, que era una leyenda alimentada por los años, por la decepción y la necesidad de los indígenas de librarse y burlarse de los españoles que tanto daño le hicieron a su tierra y a su gente, y que nunca fueron capaces de comprender que el gran tesoro que poseían, era su estilo de vida que les permitía obtener lo necesario para vivir; lo más valioso e importante de estos pueblos.

     Son dos partes de la historia del descubrimiento de América, del mundo indígena, pero es una misma realidad, la destrucción de unos pueblos, de una rica cultura no sólo por el genocidio sino también por el olvido.

Referencias bibliográficas

 

– Ainsa, F. (1998). De la edad de oro a El Dorado. D.F: Fondo de Cultura Económica.

– Esteban, M. (1990). 500 Frases Célebres de 100 Hombres Famosos. GRUPO EDITOR INTERARTE, S.A: Caracas.

– Montejo, E. (1982). Trópico absoluto. Fundarte: Caracas.

– Pereira, G. (2004). Poesía Selecta. Monte Ávila Editores: Caracas.

Pereira, G. (2004). El legado indígena. Consejo Nacional de la Cultura: Caracas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: