Allen (Punto fijo)

 

IMG-20121225-00998

Allen Rivas. Descendiente de la hambruna de 1912 en Paraguaná. Nacido en el año 1989. Licenciado en el desempleo. Músico frustrado y literato sin vocación. Militante de la izquierda sin causa.

El levantamiento del cuerpo

La comunidad husmea el cadáver

sólo para permanecer

con un conocimiento de la muerte

 excesivamente imperfecto.

 

Edgardo Rodríguez Juliá.

 

Las nubes se recogían hacia el sol como cabras hacia el corral. Al salir del Gato de oro me fijé en la calle enjuagada por las pringas, en  los carajitos que rayaban el avioncito con piedra de caliche; vi  a La Chata  con su peculiar caminar bajando hacia la otra calle mientras el viejo Cheche le siseaba y le ofrecía algo de la pensión, a Negrón husmear en el patio de la señora Jardín para terminar meando en la esquina donde los muchachos estudiaban la gaceta, a la señora Delia cargando dos bolsas negras de donde El Zorro, a Juvenal abrir la puerta de su casa con el misterio de siempre en la cara, a La Tuta despedirse del marido  “La rosa mística” que se montó en la Mitsubishi y arrancó violando los PARE.

De repente… Paf… dos cuerpos en movimiento se escucharon chocar, los pasos de la gente firifiriaban para aglomerarse en el punto donde el cuerpo quedó desbaratado en la calle Bolívar. Con movimientos casi epilépticos el hombre regurgitaba sangre espesa, casi cuajada; todas sus extremidades estaba fuera de lugar -creo recordar que un brazo parecía un pierna- los ojos eran similares a las bolas blancas de billar, la fuerza que lo impulsó daguerrotipó el rostro en la masa opuesta, algunas madres llegaban llorando porque en el cuento que se corrió los hijos tenían algunos parecidos con el que agonizaba. –Ahí viene la ambulancia con la prisa de un muerto-, gritó una anciana que vestía una bata a falta de una enjuagada con jabón azul y unas chanclas carcomidas  que le marcaban el asfalto en los talones, pero la ambulancia pasó, no se detuvo.

La sangre que tiñó los barquitos de papel, se mezclaba con el agua que corría por la orilla de la calle.  Con lentitud y esfuerzo movía de dos a tres dedos de la mano izquierda como queriendo decir: –ayúdenme a levantarme, alguien me está esperando-. En el instante en que el sonar de las campanas anunciaba la misa de la noche volvió a llover con algunos relámpagos que encendían por escasos microsegundos las nubes; algunos entraron a sus casas y me miraban por las ventanas, otros se arrimaron a las paredes donde sobresalían las tejas. El cuerpo ya casi sin signos de vida corría el riesgo de ser arrastrado por el agua que bajaba por la Bolívar y que tres cuadras más adelante seguía hasta el cementerio. El hombre debió ser albañil por el aspecto de los pantalones y los zapatos con cemento seco, era moreno, medía 1.70 cm; escuché una voz sin rostro que le calculaba veintiséis años de edad. Alguien se acercó a revisar los pantalones para conocer la identificación pero  sólo encontró un ticket con un número para la lotería de caracas del mismo día y dos pesetas de a cien.

La gente que subía por la calle al salir de la iglesia pasaba mirando el cuerpo, formando una cola dirigida por una señora que usaba traje negro, velo negro, medias negras, zapatos negros, pañuelo negro. Todos miraban al hombre como se mira a los muertos en los velorios y se hacían la cruz. De repente Don Chema salió de su casa con un bandeja llena de vasitos pequeños con café, Doña Lula sacó varias sillas, la imitó Zoila que además añadió un paquete de galletas de soda, Chela surgió de su casa con un  rosario en la mano y comenzó a rezar mientras las señoras de mayor edad se acercaban. La calle fue cerrada como de costumbre.

El hombre aunque no fue tratado como Esteban, ni adivinado su nombre, ni mucho menos  llorado por las mujeres, fue cubierto por una sábana para impedir el contacto con las moscas. Los carajitos aprovecharon el momento para jugar al escondite, los más adolescentes se escondían juntos  y aprovechaban la circunstancia para tomar café. A la hora de la novela todo quedó como final de feria, fueron quitadas las pipas de basura que cerraban el paso de los carros y colocadas a escasos metros del muerto donde anteriormente estaban, todos se metieron a sus casa a ver Carita pintada en el capítulo final. Cuando recién me levanté escuché el camión del aseo venir, al asomarme el cuerpo aun estaba allí husmeado por los perros.

11 pensamientos en “Allen (Punto fijo)

  1. la forma en que cuentas y describes a tus personajes es tan humorística y tan característica de un venezolano. muy buen a tu historia.

  2. Liwin Acosta dice:

    Bueno mi hermanito siga dándole al lápiz que por ahí van los tiros.

  3. rafaella dice:

    Me gustó mucho las imágenes que utilizaste en el cuento, pero considero que hay ocasiones en la que el cuento decae un poco pero luego vuelve a tener fuerza, confieso que cuando comencé a leer la parte de “La gente que subía por la calle al salir de la iglesia pasaba mirando el cuerpo, formando una cola dirigida por una señora que usaba traje negro …” recordé al cuento de García Márquez “El ahogado más hermoso del mundo” y después cuando hiciste referencia a Esteban me di cuenta de que te inspiraste en ese cuento y me agradó el hecho que en tu cuento el muerto no fuera bien atendido como lo hizo Márquez en el suyo y que el albañil terminara en la calle siendo husmeado por los perros. 😉

  4. Hermano esta muy bueno su cuento. Me agradó mucho la descripción y la forma cuasi enumerada de cada personaje en un momento se me parecio a algo que leí de Luis Britto. y la verdad que tus imagenes transmiten. sigue escribiendo que lo haces más o menos. ja ja Hablamos Toribio…

  5. Podría llamarse: ¡Aquí no ha pasado nada, carajo!
    Me gusta lo que cuentas, algunas imágenes que presentas… pero considero que tiene demasiadas vueltas, que podrían quedar como tediosas, rebuscadas.

  6. Gabriela Naveda dice:

    Me Agradó mucho tu relato, sobretodo la forma de describir los personajes y esas características tan venezolanas…¡me gustaría leer más!

  7. Juan dice:

    La verdad que has crecido mucho desde que conozco tu obra en aquellos talleres. Me recuerda un poco a los cuentos de Salvador Garmendia, muy buenos, de buen ritmo y creatividad. Tienes madera para ser un cuentista de élite.

  8. Gabriela Velazco dice:

    A mi también me ha parecido una variación del cuento flash. Pero igual me ha gustado, sobre todo porque resalta la idiosincrasia del falconiano, y refleja un poco de ti. En cuanto a la alusión que haces al texto de García Márquez es completamente adecuada.

  9. Ricardo Díaz dice:

    Jajaja, excelente relato, Allen! Muy muy bueno. Y que final! De lo mejor. Saludos.

  10. Allen dice:

    es el mismo flash, sólo que modifique el espacio y describo personajes reales de pueblo nuevo y que son tal cual como los plasmo. Esto es parte del un libro de cuento “temático” que hago y que pienso terminar cuando este en vísperas de la tercera edad jajaja

  11. Luis Daniel dice:

    esto es una variación de aquel cuento “flash”? creo que también tiene algo de “el burro”. no sé, creo que tu narrativa ha evolucionado mucho en forma, has encontrado una voz que supongo cada vez se parece más a tus intereses intelectuales. bastante bueno el cuento, me cagué de risa con los personajes jeje.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: