Jóse (Coro)

DSC01369chiquita

 

 

 

 

Jóse (sí, con ó) de J. Anderson, 16, 5to año, no me sentía muy seguro al enviar esto, me sentí desnudo, Coro.

 

 

 

 

.

.

.

Un no-encontrado.

Me siento desolado, temeroso, frágil, triste en un bosque; uno perplejo de tanta inequidad solitaria; vacío de voluntad para llorar, para quebrar la miseria repleta de mi adolescencia. Qué bella edad para la propicia melancolía interna; qué tierno acto el de sufrir y oír: “no sabes lo que te falta”, y resistir la angustia de que “aun falta”. Bosque… no estás sólo; estoy contigo, en ti. Acompáñame a gozar de las únicas sensaciones que conozco, que diluyo, que llevan mi nombre. Oh, bosque. Estoy en ti. Asfixiándome con la rabia que recibí de la oportunista tragedia creciente saciada de mí. Y es que no quiero estar solo, bosque. Me siento en ti, consciente de la fría brisa que los sufrientes reconocemos; ya no existe dignidad. Siendo dignos llegamos a este lugar; y por ser leales continuamos arraigados a las muertas hojas derrotadas por la espera. Continuamos leales a la sonrisa malévola que nos ofrece la luna a su distante presencia. Continúo leal a una efímera relevancia. Pequeño, sánate y corre. No hay nada que debas ver. ¡Huye!, ¡huye!; la esperanza te acompaña; la belleza te espera. Quisiera haber escuchado cuando tuve tiempo. Al no estar inmerso en tal deshonra. Al no estar sometido a tales caminos. Al no estar presionado por tales miradas. Al momento de no haber nacido; hubiese sido lo correcto, me dicen algunos. Y pienso en mis miedos. Tal como el agua fluye; yo me he salido de la orilla. Ya no quiero seguir más; ya no quiero huir más. Tan sólo quiero esperar que sea la brisa quien me diga hacia dónde ir. Pues la brisa es sabia; tan sólo ella ha visto cada tacto. Ella ha oído cada secreto, cada murmuro, cada insulto, cada grito, cada llanto, la brisa siempre ha estado. Y ahora yo estoy, para que la brisa sepa de mí y hable de los míos. Brisa, ven por mí. Un poco de razón. Esperé, esperé. Allí quedé, tal como roca sólida, sintiendo el gélido paso del viento y siendo franqueado por el indiferente silencio de la que creía mi última esperanza. Adiós, brisa. Ahora debo buscar otra esperanza porque alguien me dijo que nunca debía faltar. Oh, bosque, entonces ¿a quién debo esperar? Si a mi vista no hay nada más que los incontables alientos de tus falsas historias; y tú que no ves más que a mí, el que las inventó. Oh, bosque, ¿qué te he hecho?, ¿qué ha sido de todo este tiempo? “Es muy pronto”, me dije la última vez. “Es muy tarde”, resulta ahora. Y ni allá ni acá hice algo que valga la pena recordar. Qué ruina es la suerte de un olvidado solitario, que sólo reúne valor para sentarse a llorar por la distancia que crea el pensamiento, más aun por las sonrisas que regala y no son recibidas; por la belleza de la que carece; por ese pequeño cordón invisible que ahorca tu respiración y te rompe los huesos; y mucho más cuando recuerdas que te refieres a ti mismo, y no quisieras que fuese así… Oh, bosque, sé que te he herido. Estoy en ti. Deseando ser completo. Pero tengo miedo, lo sabes, ésa es la razón de tanto daño que te he causado. El miedo a ser abandonado es el más despiadado. Hace del aire más tenso y de la tierra más honda. Aunque podemos llamarlos obstáculos, que pueden hacernos más grandes y fuertes. Hacernos crecer y ver en dónde estamos. No es miedo al abandono; es miedo a las heridas. De herir, de sufrir, de matar. Oh, bosque mío, ¿será eso cierto?, entonces, si ya te he lastimado ¿dónde está ese dichoso miedo tan tenaz? En mí, silencioso y tonto, allí está. Ya lo veo. Debo buscarte, porque si bien la felicidad es efímera, la recompensa es inolvidable. Sin embargo, las hojas negras del bosque y la incansable sonrisa burlona del cielo, recuerdan la tristeza clandestina de cada suceso, junto a su eterna lucha que la individualidad desata. Somos mascotas de nuestros deseos. Soy egresado de la ignorancia y voluntario del olvido. Y por mirar al cielo y detallar el brillo de la estela, supe que mi única esperanza es exhalar el vacío negro que distancia la bondad. De pronto, las muertas hojas derrotadas que aún me rodeaban luchaban por absorber las ilusiones que nacían alegres de mí, como víctimas de un robo para recuperar lo ya robado; la brisa, mi antigua esperanza, ahora me atosigaba violentamente con sus manos frías sin escrúpulos; y esa luna con sonrisa soberbia se transformó en miles de voces prejuiciadas contra mi ser, como esas miles que existen para derrocar a todo aquel que se levante en busca de felicidad. Sólo una cosa estaba a mi ventaja: el bosque. Ése bosque era mi alma. Mi propio miedo se había despertado a perturbar mi momento de claridad. Hasta que quedó claro: necesitaba liberarme, dominar todo aquello. Amar. Así vi, en un sueño, tu silueta, sin rostro ni nombre, esperando quién sabe dónde. Te descubrí; eres lo que me falta. Pero, ¿cuándo llegarías?, ¿cuándo te vería?, ¿cuándo nos encontraríamos? Me volví impaciente entonces. Siempre lo bueno se hace esperar, si es que acaso no le da por ser el último en llegar. Vino mi certeza y enderezó a mi esperanza en su viejo mecedor, dejándola con lo único que sabe hacer: anhelar, algo que, esta vez, era diferente, pues, ya no era algo, sino alguien. Sí, anhelaba a alguien a quien amar. Y, mientras perdido yo estaba, la incertidumbre no tardó en destacarse. Tal vez no lo sepas, pero mi amor me condena. Es uno exclusivo, muy característico; uno que o se goza afuera o se sueña, y por más lindos que sean, se traducen en huir u ocultarse. Aunque lo clandestino es más divertido, no es lo que pido. Te será raro, pero ahora te espero a ti, no a la brisa, no cualquier cosa; sólo a ti. Para creer que sí puedo, que sí podremos. Ven. Ya no importarán esas tales miradas; sólo las nuestras suspirándose mutuamente. Voy. Algún día allí estaré para tomarte la mano bajo la mesa, temblando y riendo, temiendo que nadie nos vea y nos mate. Sí, que ése llegue a ser nuestro único temor. Y aparecieron mis lágrimas antipáticas manifestando la realidad…

Me siento desolado, temeroso, frágil, triste en un bosque…

4 pensamientos en “Jóse (Coro)

  1. Jóse dice:

    Lo siento mucho.

  2. Jesús Amalio. dice:

    Jóse, creo que como cuento no es muy bueno…Le faltaría argumento…Pero como prosa poética funciona muy bien. Aunque claro la voluntad del autor tiene peso- y en la actualidad donde los géneros literarios están tan entremezclados- sí tú afirmas que es un cuento, entonces es un cuento; un cuento malo, cuando podría ser un poema muy bueno. Ademas tú sabe lo que es un argumento, si mal no recuerdo ganaste una mención honorifica en el Nuevo Día (Daniela la del otro comentario y yo, también ganamos esa vez, sólo que Daniela se emborrachó y llegamos muy tarde el día de la entrega de premios). Será un placer conocer a un joven que escribe tan bien, saludos. Nos vemos en el encuentro.

  3. Otro participante al cual le preguntaré: ¿Por qué rayos enviaste este poema a narrativa? Jóse, cuando tenía tu edad… ¡Ay! cuando yo tenía tu edad, escribía mucha prosa poética (aún lo sigo haciendo) y me sentía muy confundida porque en ese momento no lo sabía. No sabía qué coño tenía en mis manos (que tampoco era la gran cosa jaja). Lo que quiero decir, es que entiendo perfectamente por qué lo enviaste a este género pero te digo.. ese es un poema. Tú escribes poesía …. y ¡qué bueno que te decidiste a enviar tus textos! Pasa un tiempo donde dejas de sentirte desnudo y comienzas a pensar que simplemente… la ropa nunca existió. ¡Saludos!

  4. Juan dice:

    Me he topado con gente que dice “al diablo la academia” “al diablo las formas” “al diablo los géneros”. Respeto a quien piense así (bueno, no mucho), pero yo sí creo en las formas, yo sí creo en la estética, en la academia, en los géneros, porque de otro modo ¿que sentido tienen los libros que hemos leido, que han nutrido nuestras vidas y que tienen un significado profundo en los que hacemos? Te felicito por lo bien que escribes siendo tan joven, con una profundidad y belleza de imágenes envidiable. Sin embargo creo que esto no es narrativa, sino poesía en prosa, o prosa poética. Tu dirás “¿y quien carrizo es este para juzgar que mi obra no es narrativa?” Cierto que no soy nadie, y menos cuando tu obra ya fue arbitrada por expertos. Puede que este equivocado, seguramente, pero por lo poco que sé, lo veo más como una serie de figuraciones poéticas que como una narración. Igual, eso no desmerece en absoluto tu talento, y espero crezcas mucho en esta misma tónica, haciendo arte real con el lenguaje.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: