Luis R (Mérida)

LuisM

Luis Medina Romero (1990). Merideño, escritor, pero sobre todo lector. Director del grupo literario Tinta Negra. Estudiante de Literatura Venezolana e Hispanoamericana en la Universidad de los Andes (ULA). Creo que la literatura puede hace mejor este mundo.

PROMESAS

“…me pregunte que sería sin ti el resto de mi vida, y desde entonces te quiero te adoro y te vuelvo a querer…”

La Oreja de Van Gogh

CAPITULO I: LA PLAYA

-¿Seguro que estará allí? –pregunté-.

-Al cien por ciento –dijo Carlos-.

-Ayúdame con esto –dije tendiéndole una maleta-, ojalá todo me salga bien.

-Sino disfruta el paisaje y cómprame algo que valga la pena.

Luego de decir adiós, de los trámites de rutina y de reunir el valor suficiente me subí al avión. Mi nombre es Giovanni, estudio filosofía –y no, no me voy a morir de hambre-, me gusta leer, caminar bajo la lluvia, sufro de vértigo, así que viajar en avión no es precisamente un placer, pero por ella, por ella viviría en el aire. Hoy viajo de las montañas a la costa, del frío al calor, a decir verdad no tengo idea de cuánto dura el viaje, pero eso no importa mucho, ya tomé una pastilla para dormir y planeo despertar en tierra firme.

***

Lo logré, llegué vivo a mi destino, todo parece un sueño, quizás sea porque el vuelo dura menos que el efecto de la pastilla y aún estoy medio dormido, o porque ya siento el olor a sal en el aire. Ahora toca buscar la maleta, café, taxi, hotel, descansar un poco y prepararme para mi cita con el pasado, que por lo que puedo ver no podría ser en un mejor lugar. Esta es mi primera vez en la costa y con mis veinticinco años encima será mi primera vez frente al mar, pero de las dos reuniones que tengo hoy, ésa es la menos importante.

-Hola, buenas tardes.

-Buenas tardes ,Señor, ¿en qué puedo servirle? –Me preguntó una linda recepcionista-.

-Mmm, soy Giovanni, perdí el vuelo de ayer y hasta hoy pude llegar.

-Claro  -dijo sonriente- supimos lo de su altercado, pero qué bueno que ya está aquí con nosotros, sígame.

La recepcionista me llevó fuera del hotel, me explicó que llegué justo a tiempo para el viaje a la playa, luego me acompañó aun pequeño autobús y me presentó a los que allí estaban. El grupo estaba compuesto por unas quince personas, aparte del chofer y la guía llamada Claudia, habían dos matrimonios, uno de ellos con dos hijos, unos novios que no pasaban más de cinco segundos sin darse un beso, dos chicas y tres chicos que viajaban juntos y que cantaban a todo pulmón cualquier canción que sonara en la radio, y en los últimos puestos estaba ella: Teresa, acompañada por su mejor amiga, Carla. Ambas me miraban con asombro. ¿Cómo era posible que yo estuviera allí?

Ahora mientras el autobús se dirige hasta la playa les explicaré un tanto mejor que ocurre aquí. Este viaje no fue hecho a la ligera, hoy luego de año y medio vuelvoa ver a mi ex novia: Teresa.Como podrán deducir ella no sabía que yo estaría aquí, por cosas de la vida, que no es el momento de explicar, supe que ella ganó un viaje a la playa así que decidí unirme, ella me hizo una promesa y hoy la cumplirá.

Al llegar Claudia dio algunas indicaciones, cámaras fotográficas apuntaban a todas partes y yo me encaminé a la orilla del mar, era abrumador, hermoso, el olor, el sonido de las olas, el calor del sol, y esa inmensidad de agua que parecía terminar donde comienza el cielo. Era un sueño estar allí, mis ojos se preparaban para llorar y sólo pensaba en si Teresa tendría el valor de acercarse.

-Eehh… Mmm… Hola… -balbuceó alguien a mi espalda-.

-Hola Teresa –Adiviné-.

-Giovanni, ¿Cómo estás? Yo, yo no esperaba encontrarte aquí.

-Sí, qué sorpresa -mentí-, qué guapa estás –dije y volteé a verla- yo estoy bien ¿y tú?

-Bien, bien, gracias –desvió la mirada hacia el mar-. ¿Qué haces aquí?

-Vine a conocer el mar –le dije y me paré en un lugar donde las olas del mar mojaran mis pies con su ir y venir-, vine a que cumplieras tu promesa…

Promesa Nº 1: Cuando vayas a conocer el mar yo estaré allí a tu lado.

 

CAPITULO II: EL GRADO

Mientras iba en el taxi, mirando a través de la ventana y respirando aquel día de lluvia, sólo había una pregunta en mi cabeza: ¿Qué estoy haciendo? Más de una vez estuve a punto de pedirle al taxista que diera vuelta y me regresara a la tranquilidad de mi casa. Cuando el taxi se detuvo mire primero al gran edificio que tenía al frente y luego a Carla. Ella me sonrió bastante divertida y me animó a salir del taxi. Fuera nos esperaban uno de los encargados del protocolo, Carla se encargó de las presentaciones y entramos al edificio detrás de él. Tratéque mis tacones no sonaran pero estaba tan nerviosa que entre más trataba de caminar en silencio, más ruido hacía. Luego de caminar un par de minutos llegamos a un salón amplio lleno de cuadros y muebles más viejos que todos los que estábamos allí, el sujeto de protocolo nos ofreció algo de beber y partió luego de servirnos unas gaseosas.

-¿Qué tal si nos vamos? –le propuse a Carla-.

-¿Qué tal si te callas y dejas de comportarte como una adolescente? –me respondió con falsa seriedad-.

-Claro como tú solo debes verme a mí todo resulta fácil –le reproché-.

-Ya deja de rezongar y déjame verte –me llevó a un espejo que estaba en una esquina y comenzó a retocar mi peinado- ¿a qué te dejé hermosa? Eso no fue nada fácil.

En eso tenía la razón, no sé como lo logró pero me veía bastante más que bien, el cabello suelto sobre mis hombros, el vestido azul que solía usar para estas ocasiones lucía como nuevo y los demás accesorios combinaban muy bien entre sí. Lo único que desentonaba en toda aquella imagen era mi cara de desequilibrada mental a punto de cometer una locura.

-Vámonos… -comencé a decir-.

-Ya deja eso, toma y no vayas a perderlo te agradezco –y puso una carpeta en mis manos-.

-Señorita, necesito que me acompañe –dijo el sujeto de protocolo entrando al salón y dirigiéndose a Carla-.

-Ella viene conmigo y preferiría que se quedara…

-Lo siento pero la señorita debe ir a su lugar, todo va a comenzar.

-Está bien –dijo Carla acercándose y dándome un abrazo- todo estará bien, ya verás, sal ahí y muéstrales lo que vales, suerte.

-Por favor prepárese, al dejarla a ella en su lugar vendré por usted –dijo el sujeto del protocolo-.

Cuando me dejaron sola me senté por un momento y traté de calmarme, ya era tarde para salir corriendo, ¿o no? Releí los papeles que Carla me dejó y los nervios bajaron, todo sonaba muy bien, la seguridad regresó. Además  si algo salía mal no conocía a ninguno de los asistentes. A los pocos minutos de irse con mi amiga el sujeto de protocolo regresó a buscarme, el momento de la verdad había llegado.

Salimos del salón, caminamos un pasillo, subimos unas escaleras que nos llevaron a la tarima del aula magna, mientras caminaba a su lado me dediqué a ver a aquella gente a la que iba a dirigirme, todos tenían caras de felicidad y nervios, algunos me dedicaron una sonrisa, otros intentaban reconocerme, obviamente sin éxito. El jefe de ceremonial me presentó y yome subí al podio y comencé:

Hola, todos ustedes deben estarse preguntando ¿y ésta quién es? ¿Qué hace aquí? Probablemente algunos de ustedes debe estarme poniendo títulos o nombres importantes. Mi nombre es Teresa, y si alguno conoce a una Teresa famosa e importante, no, esa no soy yo, yo soy Teresa, mortal, común y corriente. El único mérito que tengo es tener suficiente valor y cara dura para estar aquí frente a todos ustedes y en mi momentánea posición de poder, tratar de decirles algo. De ante mano me disculpo si no uso un lenguaje apropiado, o si digo una que otra estupidez, la verdad yo nunca estudié en la universidad, ni planeo hacerlo, la prueba de admisión siempre me ha aterrado y ninguna carrera me gusta lo suficiente como para enfrentarme a ese miedo. La razón de que yo esté aquí es que el mejor estudiante de esta promoción tuvo una crisis de locura y pensó en escogerme para darle su título y decir este discurso… –dicho esto todos comenzaron a murmurar y mirar alrededor buscando a dicho estudiante, al cual yo no conocía, y según pude ver ellos tampoco- …algún día, quizás hace mucho tiempo les dijeron que ustedes serían el futuro del país, quizás como yo, cuando escucharon eso, no lo entendieron muy bien. Bueno, el futuro llegó, y de esto hablaban. Al salir por esa puerta ustedes le dirán al mundo qué son, qué aprendieron, y qué harán para hacer mejor este mundo que nos guste o no, todos debemos compartir. Al salir, está en sus manos si ser unos mal educados con quien sabe menos que ustedes, con quien gana menos que ustedes, o ser mejores personas y tratar a los demás con igualdad, serán ustedes quienes decidan si de su boca volverá a salir un por favor y un gracias. Si pagarán los impuestos y respetarán las leyes o harán como los demás, infligir cuanta norma exista. Al salir por esa puerta el mundo real estará con los ojos sobre ustedes, y ahora que tendrán con que llenar sus bolsillos, sólo ustedes harán que la gente se acerque por lo que haya en ellos o por lo que haya en tu corazón. Señoras y señores ustedes son el presente y el futuro de este país, a ustedes les corresponde hacer de este un mejor lugar, lo que las próximas generaciones aprendan, disfruten y hagan, dependerá de los que les vean hacer a ustedes. No permitan que el trabajo se vuelva su primer amor, no se permitan olvidar lo que es estar abajo,cuánto les costó llegar aquí, cuántos amigos quedaron por el camino, cuántas noches dejaron de dormir y cuántas mañanas estuvieron sin comer, no dejen nunca que les digan cómo pensar, y sobre todo no crean que esto es el final de la carrera, si acaso ésta es la primera vuelta de muchas que aún les quedan por vivir, al salir de aquí aun hay mucho por aprender, por soñar, por vivir. Recuerden que, soñar es fácil, lo interesante está en hacer de los sueños una realidad. Gracias.”

Al terminar de leer en mis ojos había un par de lágrimas y en mi garganta un gran nudo, sólo pude mirar a Carla que estaba de pie aplaudiéndome. Por el micrófono el jefe ceremonial llamaba a quien me había escogido para dar el discurso, y alguien puso en mis manos el título y la medalla que debía entregarle. Entonces se acercó un hombre de unos veinticinco años desde el lado opuesto por el que yo había subido allí, estaba solemne con su toga y birrete y una sonrisa que parecía imborrable, la gente aplaudía, y yo sólo pude empezar a llorar, era él, era Giovanni, acababa de cumplir su promesa.

Promesa Nº 2: Seré el mejor estudiante que pueda para dejar que tú des el discurso en mi grado.

 

CAPITULO III: El Misterio

Carla me miraba extrañada, cómo podía entenderse algo así.

-¿Y si es algún especie de sicópata que le echa algo raro a la comida?

-No, aunque yo lo pensé, pero la gente del restaurant me aseguró que ellos hacen y entregan la comida directamente, pero se niegan a decirme quién la paga.

-Yo no sé Teresa, quizás algún mesero que se enamoró de ti ¿no?

-Eso mismo creo yo, pero si hoy llega, y sé que llegará, ya serían doce semanas. No es que realmente me moleste, digo, yo odio cocinar los domingos pero espero que mi enamorado secreto -dije esto último con voz burlona- pronto me dé la cara.

Dicho esto fui por unas tazas de café y alguna galleta para picar. El timbre sonó como siempre a las dos de la tarde.

-Abre Carla, quizás así el repartidor se enamora de ti y también empiezas a recibir comida gratis –le grité a mi amiga desde la cocina-.

Escuché cómo Carla abría la puerta cruzaba algunas palabras con el repartidor y entraba. Yo estaba haciendo malabares con las tazas de café, las galletas, y el azúcar.

-Teresa creo debes ver esto –dijo tímidamente Carla-.

-Voy déjame buscar una cucharita para el azúcar –respondí aun dándole la espalda-.

-Yo voy, tú sólo voltea –y me miró con los ojos como platos-.

Yo me di la vuelta llena de dudas y me encontré de frente nada más y nada menos que con Giovanni. Nuevamente era él, allí con todo su porte de galán de radio y esa sonrisa que últimamente me estaba desagradando. De mis manos se cayeron las galletas y mientras las levantaba mil cosas pasaron por mi cabeza.

Giovanni es mi ex novio, yo terminé con él hace más de un año y luego de irme de la ciudad por unos cuantos meses pensé que nunca lo volvería a ver, pero resulta que desde hace una semana no deja de aparecer, primero fue en la playa, luego en su grado, y finalmente hoy en mi casa. Ya paso un buen tiempo desde que lo dejé, pero tampoco puedo negar que él me desconcierta un poco y más desde que está empeñado en perseguirme cumpliendo y haciéndome cumplir mis promesas. Pero esto no me gustaba para nada, yo había tomado una decisión y ahora llegaba el momento de reafirmarla.

-¿Qué haces aquí? –Pregunté con bastante hostilidad-.

-Necesitaba hablar contigo…

-No hay nada que hablar Giovanni, ¿por qué haces esto?

-Debo cumplir mis promesas.

-No te preocupes yo entiendo que al acabar esto las promesas también se terminan.

-No es así, cuando uno promete algo es para cumplirlo, no para hacerse el tonto después, pero tranquila yo vine a cumplir mi última promesa y luego me iré.

-Déjalo ya. Esto se terminó.

-Tú lo terminaste.

-Así es y tú lo aceptaste muy bien ¿no? En todo este tiempo nunca me buscaste ¿por qué ahora? Vete Giovanni, vete.

-Siempre te busqué, pero tú te fuiste, tú no me diste oportunidad de volverte a ver, hasta que regresaste hace unos meses.

-Bueno pero igual pudiste venir antes, o simplemente olvidarme.

-Yo te amo Teresa.

-Déjalo ya. Acaso qué has hecho tú por mí todo este tiempo.

-Pasta.

Fue lo último que dijo antes de poner la bolsa que tenía en sus manos sobre la mesa, yo amaba la pasta. Y ahora sabía quién me había enviado domingo tras domingo el almuerzo. Otra promesa cumplida.

Promesa Nº 3: Yo me encargaré de que no debas cocinar los domingos.

 

CAPITULO IV: Tu Turno

Tuve miedo de todo aquello, ese te amo había hecho saltar algo en mi corazón, sólo pude correr tras él.

-¡Giovanni! yo no quiero que te vayas –le dije al alcanzarlo-.

-Demuéstralo, ahora es tu turno.

***

Cerré la puerta tras de mí, pensé que la comida de los domingos ya no llegaría mas, pero cuando oí el timbre corrí a abrir esperando que fuera Giovanni quien estuviera allí, pero no, era el repartidor de siempre. Hace una semana me moría por saber quién era mi benefactor ahora sólo pensaba en qué bueno era estar en la ignorancia. Dejé la comida en cualquier lugar y pensé en las últimas palabras de Giovanni “es tu turno”. Todo era una trampa, él sabía cuánto me costaba a mí ser expresiva, él sabía que el miedo al futuro fue lo único que me hizo terminar con lo nuestro. Ya tenía una semana pensando en cómo demostrarle que aún lo quería y nada. Me llené de rabia y comencé a llorar, esto me pasaba por andar pensando en pajaritos preñados. Definitivamente era mejor dejar todo así, el amor era bastante complicado para mí.

Me levanté, boté la comida de Giovanni y puse música, hoy yo cocinaría para mí. Pero a medio camino entre la radio y la cocinasonó mi canción favorita y lo entendí, este tiempo sin él había sido horrible, de hecho yo regresé a la ciudad con la esperanza oculta de verlo una vez más. Yo lo amaba. Pero no sabía qué hacer, debía demostrarlo de alguna manera, entonces lo recordé, el libro, busqué por todas partes hasta que lo conseguí guardado en mi maleta. Eso bastaría, sabía que eso bastaría.

Abrí el libropor la página cuatrocientos cuarenta y uno, justo donde habíamos quedado, bastante cerca del final. Busqué mi teléfono y marqué su número, lo único que pedía era que fuera el mismo número que yo tenía.

-Hola

-Giovanni, soy yo –un largo silencio fue su única respuesta-. Sólo escucha por favor –y comencé a leer-.

Encontrar a alguien a quien amas y que te corresponde es una experiencia maravillosa. Pero encontrar una verdadera alma gemela es aún mejor si cabe. Un alma gemela es alguien que te entiende como nadie, que te ama como nadie, que estará a tu lado siempre, pase lo que pase. Dicen que nada dura para siempre, pero tengo una fe inquebrantable en que a veces el amor sigue vivo incluso cuando dejamos de existir.

Me detuve unos segundos y él me pidió que siguiera, la llamada duró hasta que acabe de leer el libro para ambos. Mi promesa estaba cumplida.

Promesa Nº 4: Este libro lo leeremos juntos hasta el final.

 

CAPITULO V: Promesas

-Acepto –dijo Teresa-.

-Acepto –Dije yo-. Y nos dimos el tan esperado beso.

“Desde niño mis padres me enseñaron que las promesas eran un contrato, un grillete invisible amarrado a tu pierna hasta que cumplieras lo prometido, cuando uno prometía algo a alguien, se unía con esa persona, y aunque luego se distanciaran uno debía cumplir la palabra dada. Mis padres me enseñaron queno debía hacer promesas a la ligera, y que sino pensaba cumplir lo dicho, era mejor no decir nada.Cuando Teresa se fue hace algún tiempo yo no podía dejar de sentir que yo le debía algo a ella, y que ella estaba en deuda conmigo. Así nació este plan. Y aunque no fue fácil el proceso al final todo resulto bien.Luego de terminar de leer el libro, Teresa y yo acordamos una cita, hablamos hasta tarde, caminamos por la ciudad y sin decir nada al respecto supimos que todo estaba bien, que esto sería para siempre. Han pasado varios meses y Teresa sigue sin cocinar los domingos, aunque ya se está planteando entrar a la universidad, nadie sabe aún por cual carrera. Nuestra historia nos trae hasta aquí, hasta este día donde todo vuelve a comenzar, gracias por estar aquí y compartir este momento con nosotros.”

Promesa Nº 5: Te amaré por siempre.

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2 pensamientos en “Luis R (Mérida)

  1. Juan dice:

    Me encanta este cuento…de mis favoritos hasta ahora, no se pierde el hilo nunca. Te felicito!

  2. ¡Esto es conmovedor e ingenioso! (no sé si lo detestaré mañana o si sea por la hora) Me gusta tu voz femenina. ¡Abrazo!

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