Rafaella (Coro)

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Rafaella Núñez, luchando por existir y ser mejor cada día. Estudiante de lengua, literatura y latín en la UNEFM, integrante de cátedra Agustín García y del grupo Febrero…

Fin de mundo

Necesitada de dinero montó un negocio donde vendía  leche recién salida de su seno para comprar un pasaje e ir al espacio con su hijo, pues la tierra estaba a punto de destruirse y fue tanta la demanda de leche que después de largas horas de venta comenzó a votar sangre y aun así  la gente le seguía comprando. Pues para aquel entonces todos los animales volaban al cielo y, las frutas, los vegetales o cualquier otra cosa comestible estaban escasos. Había llegado la hora en que los humanos se comieran entre sí.

El cucurrusito

Una amiga de muchos años me estaba contando su historia de amor y entre los sismos de palabras que iban y venían de su boca, se me vino a al pensamiento aquel muchacho alto, de cabellera castaña que conocí por PIN. Los ojos se me agrandaron cuando vi por primera vez su foto en el perfil, era un muchacho muy bien parecido, cosa que me impidió contener las ganas de escribirle y afortunadamente los dos caímos en una larga y agradable conversación. Pasaron los días y mi corazón se ilusionaba cada vez más de ese guapo muchacho, pero al parecer el desinterés por mí se apoderó de él. No me atreví a preguntarle que le ocurría porque llegué a sentir que lo agobiaba mucho, así que preferí acudir a manos de esos expertos que adivinan el futuro.

Temerosa llegué a la casa de una señora famosa por sus lecturas de cartas, su aspecto era algo misterioso pero al mismo tiempo tenía cierto toque de mujer coqueta. De inmediato la mujer puso sus cartas sobre una mesa cubierta con un mantel rojo y me pidió que escogiera tres de ella, de pronto la mujer comenzó a hablarme del cucurristo, me confirmó que era un chico muy guapo pero que al mismo tiempo era todo un casanova y que en aquel entonces estaba enamorado de una chica que vivía muy lejos de su tierra y que pronto iría para conocerla y mis lágrimas comenzaron a salir cuando la señora me dijo que no se trataba de mí. De pronto sentí una furia y le pedí a la señora que preparara un conjuro que impidiera que el cucurrusito conociera a la otra chica. El encargo me salió en 120bs, barato para una buena venganza, pero nunca me enteré si funcionó el conjuro.

Ahora bien, siento que he evocado al pasado por largas horas recordando al cucurrusito y mi amiga aún me seguía contando su historia de amor, me decía que se sentía muy triste y culpable por lo que le había pasado a su enamorado, su caso era casi parecido al mío, ambos se conocieron por PIN y vivían en ciudades separadas, con la diferencia, que él muchacho si se aventuró a viajar para conocerla, pero que por un extraño y lamentable accidente de tránsito no llegó nunca a su destino…

El agua no tenía nada

Hoy andaba como nervioso, tenía las manos sudadas y cada vez que soplaba el viento se me ponía la piel de gallina. Entré en una vereda muy estrecha para salir a la calle cinco, caminé dos cuadras abajo, cruce en la esquina y llegué al negocio de la señora Antonia donde todos los días compraba dos empanadas y un jugo de parchita -¡Buen día!- dije como era costumbre, pero esta vez nadie contesto, había más gente que nunca, al parecer el negocio se estaba dando a conocer y la clientela aumentaba cada vez más. La señora Antonia se veía muy atareada y algo amargueta y el sudor le corría por la frente como si se tratara de una cascada de agua y en un movimiento brusco por querer limpiar su frente las gotas de sudor fueron a parar sobre dos empanadas que estaba colocando sobre un platito rojo, luego tomó un vaso de plástico donde sirvió jugo de parchita, tragué grueso cuando puso todo eso frete a mí.

¡Ahora, era yo el que sudaba frio! quería irme, salir corriendo pero ya estaba allí, me  dio tanta pena devolver la comida que opté por comerla. Fue tan difícil darle un mordisco a la primera empanada, el tiempo se movía como en cámara lenta, quise despejar mi mente acordándome de los muslos de Martina, de su baile de anoche pero hubo un momento en que sentí los hilos del queso como pelos, mi estómago se revolvió por completo y me dio tanta pena cuando vi que la señora Antonia observaba mis gestos de asco, entonces seguí comiendo como si todo estuviera bien pero ya estaba obstinando , mordía y mordía la bendita empanada y no se acaba, era como infinita y yo me desesperaba cada vez más. Mi sangre comenzó como a coagularse, la sentía espesa y las venas me sobresalían de las sienes y de las muñecas, mi corazón latía fuerte mientras otro pedazo de empanada bajaba por mi garganta y llegaba a mí estómago. Yo quería ir al hospital, me iba a dar un paro cardiaco y una chica que estaba sentada frente a mí notó la agonía  que me invadía y comenzó a darme aire con un periódico para calmarme, la señora Antonia traía con un vaso  de agua, lo acercó a mi boca pero yo no quise, le suplique que me prestara su baño al que llegué casi de rodillas, me senté en el inodoro las piernas me temblaban y comencé a gritar del dolor, todos estaban asustados por los gritos pero no los podía contener.

Por un momento me sentí como una mujer en una sala de parto, mis extremidades inferiores se separaban solas por la fuerza que tenía lo que estaba atravesando mi parte trasera. De pronto escuché la voz de una viejita que quería saber que ocurría en el baño y su frase de Ave María purísima  vino acompañada de un gran trueno que salió de mis entrañas y un muchacho riéndose a carcajadas decía que le dejaría el baño hecho un desastre a la señora Antonia. Por fin La última parte de ese gran monstro que estaba trayendo al mundo ya estaba cerca  y cuando escucho el sonido de su caída en el agua un gran espasmo me dejo como idiotizado. Después de unos segundo allí sentando me levanté para tomar el papel y limpiarme y cuando voy a bajar la palanquita del inodoro el agua no tenía nada…

El arte de morir

Ella que tan solo era una niña de ocho años se despertó con la sensación de no querer seguir viviendo y para olvidar eso pensamientos tan maléficos decidió ir a pasear a escondida como a eso de las 3 y 33 am. La pobre  tenía una vida poco afortunada, su padre era un loco y su madre casi nunca estaba en casa y sentía no impórtale a las dos personas que más amaba  en este mundo. Las horas transcurrieron muy rápido y sin darse cuenta llegó a la avenida los médanos donde vio los primeros de rayos de sol que salían en la mañana y le parecieron la cosa más hermosa que había visto en su corta existencia.

De pronto los perros y los gatos se irguieron en dos patas y comenzaron a bailar unos con otros, hacían una fiesta, estaban celebrando la vida, uno de los gatos la invitó a bailar pero ella seguía pensado en su mala fortuna y susurrándole al oído, dijo que deseaba la muerte y en ese momento un rayo cayó sobre ella, quedando su cuerpo completamente carbonizado.  Ahora sin poder sentir, ni oler, ni ver, supo, no sabe cómo que estaba muerta. Sin embargo había algo extraño, pues ella tenía algo de conciencia. Los perros y los gatos estaban completamente perplejos con lo que acababa de ocurrir, pero más los gatos que los perros, porque de pronto el olor de la carne carbonizada les empezó a parecer apetitosa, los perros se miraron unos con otros para ver quien se atrevía a darle el primer mordisco pero de repente todos se acercaron al mismo tiempo para devorarla hasta dejarla en los huesos.

   Al día siguiente las montañas estaban desnudas, los árboles no tenía hojas y el sol no brillaba. Los ojos de la niña sobresalían de la panza de uno de los perros muertos y desde allí vio sus huesos esparcidos por toda la calle, su nariz que estaba cerca de la acera era la única que estaba intacta y sorprendentemente podía oler la putrefacción del ambiente y al verse en ese lugar tan espantoso no pudo contener las lágrimas, comenzó a pedirle perdón a Dios, estaba arrepentía de haber deseado la muerte. Después de transcurridos unos segundos sintió que moría de nuevo, de pronto se hizo de noche, la tierra consumió a cada uno de los perros y a los huesos de la niña, quien de pronto despertó acostada en su cama, completamente sana, ella solamente se había quedado dormida mientras su padre asesinaba a su perro  en el baño de la casa.

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