Carlos (Maracaibo)

charlie

Carlos García Salvador, Cabimas – Edo Zulia (1992). Estudiante de Educación mención Idiomas Modernos en La Universidad del Zulia. Miembro del colectivo Solombra. Ganador del 2do. Lugar en la categoría de narrativa en el concurso La Grapa Literaria por su obra “Los pingüinos, el mate y las estatuas de sal”(2011).

De los sábados

Malditos sean los sábados en que pierdo al amor y las barajas no me amparan, ni se preocupan por restaurar el equilibrio prometido por los refranes del tiempo, ni te apiadas de mis huesos, ni mi suerte mejora.

Incluso a veces, me atemoriza dormirme la noche del viernes, sabiendo que al día siguiente me echarán a patadas del cielo y tendré que ver entonces cómo soborno a los arcángeles del destierro para comprar mi boleto de regreso al paraíso,

para codiciar la manzana,

para tenerte mañana,

 para perder mi costilla.

***

 

 

Puertas adentro

No hay tabaco que arañe el alma cuando toca envejecer puertas adentro, sentado en la mesa moliendo los codos, rumiando el mismo café por las mañanas, como cantando sin voz (si hay quien escuche), las seniles coplas del encierro.

Si se sobrevive a los estragos del mar cuando reclama querubines antes de tiempo, de poco sirve, si no significa más que el quebranto de corazones que no existían y el revivir de lágrimas con artritis, al tercer día, de entre los muertos.

No hay, ¡Virgen del Valle!, ni consuelo de los cuervos que se llevan todos los días mis ojos, ni parece el Sol apiadarse de mi sombra al mediodía, ni por dejar la puerta abierta me viene a buscar la última hora, ni hay, ¡maldita sea!, tabaco que calme el alma cuando un pasado que no hay quién lo escriba, martilla mi cruz, todos los días, puertas adentro.

***

Rhythm and Blues

 

Desde que era pequeño y descubrí que los astronautas no podían tomar y que los vaqueros estaban extintos, decidí que quería ser (cuando creciera), uno de esos tipos callados que viven en algún bar de Nueva York de la década de los cuarenta, que usaban camisa y corbata, traje negro y fedora. También, cantaría en una pequeña banda de jazz para ganarme el pan nuestro de todos los días, haría el amor todas las noches en blanco y negro y cada domingo, en el altar de la tristeza, haría la comunión con whiskey en vez de vino, con ceniza en vez de pan. Moriría en el mismo olvido que nací, sin descendencia, quebrado e infeliz.

Sin embargo, nací seis décadas después, en la era del tecnicolor, en el norte del sur, usando manga corta por el calor, sin saber cantar, estando tan callado como me lo permitan, jodido pero contento en nombre de Dios, agradecido infinitamente por poder agarrarte el culo a ti, mulata, mientras bailamos a orillas de la playa, a la sombra de un fogón.

***

 

A mitad de camino

 

Con el tiempo hemos aprendido a que no es necesario en cada encuentro, cortar por las costillas. Si somos mucho más o mucho menos de los fuimos antes, no lo sabemos, no lo recordamos, no hay más verdad que la habita en los dos cuando nos vamos cada noche a la cama y ninguno de los dos sueña con escabullirse por el balcón.

Por evitar caer en las diabólicas arenas movedizas de la rutina, fingimos cuando hablamos no saber lo que el otro está por decir, nos saludamos con distintos nombres por las mañanas, nos enviamos cartas sin nombre a la misma dirección.

Habitantes de lejanas penínsulas, nos besamos a mitad camino entre ellas, sabanas de arena blanca que las separa.

Morimos con el atardecer y regresamos a casa, el viento se devuelve al final de nuestro amor.

 ***

De las mujeres con sombrero

 

Creo que al final todo remite a las mujeres con sombrero.

A las mariposas crucificadas.

A las cenizas que no encendieron.

A las mujeres que lucen mejor que yo, que son más inteligentes y tienen menos corazón.

Y si llegase a encontrar alguna vez a un alma que no entrase en la descripción anteriormente dada, que me diese como doy, que compartiese el pan y el vino, probablemente pasaría delante de mí sin despertar la furia del mar, ni alterar los sentidos, ni entreverar el pensamiento, por el simple hecho de andar distraído, encendiendo una vela a un santo que no mira para abajo.

 ***

Siete crisantemos (antes de tiempo)

 

Quisiera poder regalarte un soplo de otoño para que tus lunes no pesaran tanto.

Quisiera poder recitar soles de mayo que alumbraran la habitación que adormece tus sentidos.

Quisiera poder limpiar el azul de tu rostro y volver dulces tus lágrimas para que tus ojos no se agrieten.

Quisiera poder, pero no puedo más que abrazarte y llorar contigo la muerte de cada ola.

***

 Besos infinitos

Descansan mis manos entre las tuyas,

Descongela tu aliento mis dedos,

Se enreda un beso en el cuello,

Naufragamos en la misma costa.

A la cena un racimo de uvas verdes,

A la mesa de noche un girasol con tu nombre,

Una luciérnaga enamorada de la luna

Cuenta con besos las pecas de tu espalda.

Qué poco importan los años impares

Si le sacan la lengua los tacones a tu estatura

Cuando te cobro los besos que me debes

Por esos años que no existía.

Bajo estas sábanas que arropan besos infinitos

No hay razones para abrir los ojos,

Gimiendo en tu oído los próximos versos,

Con las piernas hechas nudo, suspiro,

Esperamos juntos el sueño eterno.

 

8 pensamientos en “Carlos (Maracaibo)

  1. Luis Daniel dice:

    Reí mucho con tus textos, especialmente con Rhythm and Blues. Me sentí hasta identificado, excepto por la infinita felicidad del final. jajajajaja! Saludos.

  2. mabetanniia dice:

    Definitivamente me enamoré de “Rhythm and Blues”. Esa nostalgia de un pasado que no vivimos, suele perseguir los corazones.

  3. Nil Petit dice:

    Rhythm and Blues, ese me gustó.

  4. Carlos, tus letras me hacen sentir muy cómoda. Tienen cierto grado de calidez… pero ni tanto, no lo sé.. es muy agradable ese equilibrio. Ojalá recites “De los sábados” y “De las mujeres con sombres” y que agregues tal vez, luego.. algo “de los mangos verdes” o “de césped que se quema”.

    Abrazos!

  5. Me gusto mujeres con sombreros, besos infinitos también es bueno… pero a lo mejor por ser mujer me sentí mas identificada con ese…. el lenguaje a diferencia de Cristina, si me pareció bien, me parece que el arte acepta todo lo que uno quiera expresar con palabras que expliquen a veces cosas que con hechos no podemos…

  6. jeje perdón por los detalles de transcripción de mi anterior comentario, creo que los lentes (y los dedos) me están fallando!
    Saludos!

  7. Carlos, pana, me gustaron tus poemas en prosa. Tienen frescura pero sind escuidar el lenugaje. Y bueno, sinceramente, “Besos infinitos” parece que no fue escrito con la misma pluma de los demás. “Puertas Adentro” es mi favorito, me gustó mucho.

    • Carlos dice:

      Gracias Cristina por tus comentarios y si, tienes razón, “Besos Infinitos” es mi intento de hablar con voz femenina, por eso no parezco yo pero a la vez si.

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