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Gabriel Jiménez Emán: “Se baja y se sube entre la juventud y la vejentud…”

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Se baja y se sube por la vida entre la juventud y la vejentud y los grupos de poetas que se saben más jóvenes y organizan espacios de sus corazones solitarios con trozos de alegría de ver sus andanzas y nudos y estornudos editados bajo la sombra de un árbol de libros que despegan hacia el cielo y rebotan en la mirada de la tierra que salpica el agua de mar tal como se humedece mi espíritu cuando se acerca al joven poeta que eres tú o que era yo cuando era tan viejo por dentro y tan verde por fuera, como un guanábano o un cotoperi que reclamo más agua de lluvia para renacer en ese encuentro de ustedes muchachos míos, muchachas mías desatadas desde mi lengua hasta sus labios que me esperan el jueves 16 en que las cervecitas saldrán disparadas hasta la sed creadora y redentora en la bañera de Santa Ana redentora de Coro cayéndose a pedazos en nuestra memoria. 

Omacel Espinoza: “No es reseña, es una gana de estar a pata ‘e mingo.”

IMG-20130509-WA0005Si hemos de dar crédito a la conseja que dice que “gallo que no repite no es gallo”, creo que los jóvenes creadores demuestran que aún hay mucha pelea y mucho canto por delante. Pero debo aclarar que no me gustan las peleas de gallos, sino las del seso y las entrañas contra la página en blanco, contra el vacío de la conformidad, contra el silencio complaciente; la lucha del pincel contra las imágenes retocadas de nuestros noticieros; la lucha del violín contra los insultos de los que se ofenden por un pote de mantequilla, un papel tualé o, lo que es peor, una moción en la Asamblea; creo en la lucha del niño contra la realidad, contra las preocupaciones deslucidas y rancias de los seres domesticados por cartas de ciudadanía donde la audacia se paga con memorandos. Porque creo en todas estas luchas, acompañaré una vez más a los jóvenes creadores. Porque cuando haga cola en el supermercado y vea las noticias, y me aburra en venticinco mil vericuetos burocráticos evocaré un poema, un cuento, una idea de estos chamos que me harán risible el mundo, que me recordarán que un día sin freír huevos es más soportable que un día sin pensar a fondo en mí y en mi relación con todo y con todos. Recordaré que tengo derecho a no hacer cola, a la dignidad que otorga saber que hoy estoy (gracias al poema) más cerca de la eternidad, aunque se me escape. Porque leer poesía es estar “a pata ‘e mingo” de lo eterno; es comprender que esta mantequilla es más sabrosa, no por los empujones; sino  porque está incrustada en la infancia de todas las casas de mi pueblo, porque requiere un pan que huele a la casa de los abuelos, como a monte, como a remedio de monte, como a beso de abuelo que acaba de beberse un remedio de monte y que nos dice que cuándo vamos a componernos. Porque quiero estar a pata ‘e mingo, ¡quiero acompañarles muchachos!